Informe de batalla: Turno 1 “¡Un mal despertar!”

¡Un mal despertar!

Informe de batalla: GTS-SUR 21/01/2018
Tipo: Partida múltiple
Escenario: 18 – “No despiertes al gigante”
Jugadores: Alex (Rufianes de Heinrich), Javi (Azote de Herejes) y Edu (Los osos de Nicolai).
Victoria: Alex – Rufianes de Heinrich
Crónica por: Edu

El joven Otwin Hellmann llegó jadeando e histérico a la única posada abierta a a aquellas horas. Balbuceando y cubierto de sangre, lo único que hizo fue soltar una ristra de incoherencias sobre algo que le había sucedido tan sólo hace unas horas. Tras beber un trago de una Bugman, logró calmarse y explicó al público habitual allí presente su increíble historia.

Otwin contó que volvía de realizar un gran saqueo con su banda, como era habitual para ellos a esas horas de la noche. Siempre pasaba algún desgraciado al que robar y esa noche habían conseguido un gran botín. Pues bien, se encontraban contando las coronas de oro ganadas y discutiendo sobre como repartir esas ganancias, cuando escucharon un golpe que podría hacer enmudecer al bardo más parlanchín. Otwin y los suyos se quedaron petrificados y se miraron los unos a los otros cuando aquel golpe se repitió de forma rítmica, acercándose cada vez más.

Cuando se dieron la vuelta era demasiado tarde. Un infinito ser surgió de la nada. A pesar de ser más alto que las montañas negras, se movía con una rapidez insospechada. El enorme ser, con deformados rasgos humanoides, acabó uno a uno con los miembros de su banda en una orgía de sangre y vísceras. Otwin explicó como rompió en dos a los héroes más fuertes de su banda, mientras devoraba las cabezas de los guerreros más jóvenes. Él consiguió escapar escondiéndose entre las tripas de un compañero mientras veía como no contento con descuartizar a sus compañeros, se llevó una a una todas las monedas que habían ganado esa noche.

Nicolai Eristof miró a su compañero Igor y sonrió. Verdad o no, aquella misma noche buscarían a ese gigante.

A pesar de la fría y húmeda noche, Nicolai se encontraba cómodo. Tantos años en las heladas estepas de Kislev le habían ayudado a soportar cualquier temperatura por fría que fuese. Acompañado de sus compañeros Kislevitas y de Winifred el temible oso blanco, aguardaron detrás de un viejo muro tratando de encontrar la guarida de aquel gigante.

Para sorpresa de Nicolai y los suyos, fueron testigos de como Los rufianes de Heinrich y Azote de herejes también habían llegado hasta aquel lugar, atraídos por las promesas de oro y gloria. Los cazadores de brujas de Konrad Marburg fueron los más rápidos en llegar hasta la guarida del temido ser. Corrieron a través de la noche ante la atónita mirada de los mercenarios de Kislev y de Reikland.

Cuando los perros de Azote de brujas se encontraban dentro de la guarida, un hábil guerrero Reiklandés consiguió impactar con un certero disparo al gigante, que en aquel momento parecía dormir. Despertándose con una furia y rugiendo como el propio Khorne, el titán se había despertado. Tras unos instantes, respondió al disparo acabando con la vida de los pobres perros que se encontraban a su lado. El resto de la banda de la inquisitorial banda de George Scherrer, guiados por lo que ellos llaman fé en Sigmar, corrieron a la guarida para sacar dos cofres y una bolsa.

Los mercenarios allí presentes, se miraron boquiabiertos, el único dios allí presente era el oro. Reiklandeses y Kislevitas corrieron hacia la guarida, dispuestos a evitar la fuga de los cazadores de brujas. Los osos de Nicolai, embriagados de valentía y vodka se adentraron dentro de la guarida del gigante, para tratar de conseguir un trozo de gloria. Los rufianes de Heinrich optaron por quedarse en la retaguardia, lanzando hechizos y disparando sobre los cazadores de brujas para evitar su huida.

Winnifred, el temido oso blanco de los Kislevitas, se lanzó sobre el temido gigante, no que antes este acabase con la vida de un guerrero de su banda. La lucha entre oso y gigante fue encarnizada. Cabezazos, puñetazos, mordiscos y todo tipo de golpes se veían volar entre las dos moles. Aprovechando la situación, Azote de herejes emprendió la huida con su codiciado botín, no sin que uno de sus integrantes cayese al suelo debido a un garrazo del osezno. Fue en ese momento cuando uno de los mercenarios Reiklandeses corrió a recoger el botín caído.

El pacto silencioso entre mercenarios quedaba roto en ese momento. Los Osos de Nicolai se lanzaron con toda su furia sobre la banda de Reiklandeses, pero tras haber perdido por su enfrentamiento con el gigante a varios guerreros y tener a su oso enzarzado en el combate con el gigante, su esfuerzo fue infructuoso.

 

Azote de herejes consiguió huir con un cofre y una bolsa, no sin antes ver mermada por ataques del gigante y de los kislevitas a un gran numero de sus guerreros. Los osos de Nicolai, tras ver como varios de sus guerreros caían en combate, decidieron emprender la huida. Esto dejó a Los rufianes de Heinrich con un cofre y como vencedores de la batalla, al ser los únicos supervivientes.