Informe de batalla: Turno 1 “Los Zakeadorez de Zurko ziembran el terror”

Los Zakeadorez de Zurko “ziembran” el terror

Informe de batalla: GTS-NORTE 17/01/2018
Tipo: Partida múltiple
Escenario: 3 – “A la busca de Piedra Bruja”
Jugadores: Fran (Buscadores Enanos), Alex (Mercenarios Reiklandeses) y Jaime (Orcos)
Victoria: Zakeadorez de Zurko – Jaime (Orcos)
Crónica por: Jaime del Pozo

Dispersos por entre las ruinas de Mordheim, se encuentran innumerables fragmentos diminutos de la valiosísima de Piedra Bruja. Y no es de extrañar que, enfrascados en su busca, los miembros de dos o más bandas se topen de bruces unas con otras… ¡y no estén dispuestas a abandonar ese suculento botín por las buenas!

Tras salir bastante escaldados de su reciente enfrentamiento en las calles de la ciudad, Zurko “el Negro” necesitaba levantar la moral de ‘suz chikoz’. Por ello volvió a internar a sus Zakeadorez en La Ciudad de los Condenados a los pocos días de su encontronazo con aquellos humanos Cazadores de Brujas y los monstruosos feriantes del Caos. No podía dejar que ‘suz chikoz’ se ‘apalankazen’. Tenía el firme propósito de darle una paliza a alguna banda desprevenida o, al menos, de rapiñar un buen botín con el que poder brindar un festín a sus secuaces y consolidar su liderazgo.

Se internó en una parte de la ciudad que no conocía, un barrio en ruinas con una serie de colectores y canales por los que discurría un cauce de agua que, aun no siendo demasiado profundo, sí corría con una cierta velocidad. Probablemente, serían canalizaciones auxiliares del Gran Río Stir, utilizadas para trasladar mercancías desde los muelles hasta otras partes de la ciudad. Había puentes y pasos al nivel del suelo, porque algunos de esos canales tenían varios metros de anchura. El barrio parecía haber sido próspero y rico, pero ahora se encontraba en ruinas.

Cuando parecía que tendría toda esa zona para explorarla tranquilamente, escuchó entre unas casas a su izquierda pisadas de pesadas botas reforzadas que se acercaban. Detuvo a sus Sakeadorez tras un muro bajo y esperó unas segundos.
Unas figuras achaparradas aparecieron sin demasiado cuidado por esconder su presencia. Eran los Buscadores de Tesoros Enanos Bloodwieser&Pólvora, liderados por Axel, el Noble Enano de Karak-Ocho-Picos que llegó recientemente a las inmediaciones de Mordheim para hacer fortuna, legar una buena herencia a su numerosa descendencia y poder retirarse a beber cerveza y cantar en los banquetes celebrados en su honor.

Aunque las piernas de los enanos no son muy largas, su sentido del olfato es bastante agudo, y el olor de sus odiados enemigos pieles verdes los hizo detenerse en seco.

No los veían, pero sabían que estaban allí, en algún lugar entre las ruinas. Rápidamente, los Buscadores de Tesoros se desplegaron en una línea que les permitiría cubrir mayor terreno.

Cuando Zurko, relamiéndose, iba a lanzar su bramido de guerra para lanzar a ‘suz chikoz’, muy superiores en número, contra los enanos, vio emerger de las sombras que proyectaban los edificios al otro lado de la plaza central unas siluetas furtivas.
Aunque su estatura parecía mayor debido a los cascos emplumados, Zurko los reconoció sin problemas: no era la primera vez que se encontraba con bandas de mercenarios como aquella -“¡Humanoz! ¡Y Reiklandezez, ademáz!”-masculló sorprendido.
¿Es que no iba a poder internarse en Mordheim sin toparse con dos bandas enemigas a la vez?

-“Loz humanuchoz estaban lejoz aún, y no hay duda ke ezoz taponez eran peligrozoz, azí ke mandé el gruezo de vozotroz para enkarar a los Enanoz, mientraz “Loz Meketrefez” goblins, los arqueroz “Ke Tiran” y el Grandote Grunt tomaban pozicionez para enfrentarse a loz Reiklandezez”- comentaba con suficiencia “El Negro” con el Chamán Murga después de la batalla, dándose aires de estratega…

Esos ‘humanuchoz’ a los que se refería Zurko, aparentemente un grupo de desertores y bandidos, eran hombres duros, adustos, versados en las artes de la guerra tras combatir en las milicias del Condado de Reinkland. Descreídos por la falta de paga, estos rufianes conformaron una banda de secuaces bajo el liderazgo de Heinrich von Konrad, un antiguo Capitán de Espaderos, ahora reconvertido en Capitán Mercenario.

Y, precisamente, con ese nombre por bandera, Los Rufianes de Heinrich se dirigieron hacia el único lugar donde nadie haría preguntas sobre su procedencia, La Ciudad de los Condenados.

Cuando, las luces del amanecer iluminaron algo más la zona, la entrenada vista de los tiradores Reiklandeses pudo divisar a las dos bandas enemigas moviéndose para atacarse mutuamente, pero también detectó a algunos miembros de ambas bandas rodeando edificios y buscando puentes por los que acceder a la zona en la que ellos se encontraban. Con silenciosas y concisas órdenes, el Capitán Mercenario distribuyó a sus hombres para hacer frente a la amenaza, pero era muy consciente de que si aquellas bandas se destrozaban entre sí, sólo tendría que encargarse de los restos. Mientras, podría recoger esos pequeños fragmentos de Piedra Bruja que brillaban por doquier. ¡Había una gran cantidad de ellos en ese lugar!

Los pieles verdes parecían estar muy ansiosos y nerviosos, y su característa ‘animosidad’ natural hizo que se produjesen varios altercados, desde insultos y empujones, hasta puñaladas traperas, pasando por accesos de furia descontrolada avanzando ciegamente contra el enemigo.

(Como todo el mundo sabe, los orcos y goblins no son demasiado disciplinados…)
Sin embargo, consiguieron llegar en buen número a cargar contra la línea de las Buscadores de Tesoros que, por arrogancia, coraje fanático y odio ancestral a los pieles verdes, aguantaron el primer empellón sin pestañear. Contraatacando, los Bloodweiser & Pólvora cerraron filas, y entablaron un enmarañado y largo combate contra “Loz Ke Kortan” y Loz Machakaz”.
Uno de los Barbilampiños de los Buscadores de Tesoros, que había visto el característico brillo verdoso de un fragmento de Piedra Bruja entre las raíces de un centenario árbol muerto en lo alto de un promontorio, se había apartado de los suyos, probablemente para demostrar al noble Enano Axel su valía. A duras penas trepó la escarpada rocosa y, cuando llegó a la cima, sonrió, acalorado por el esfuerzo, mientras guardaba su trofeo en su zurrón.

Se paró allí arriba, tan solo unos segundos, con las manos sobre las rodillas, recuperando el resuello. Pero en lo alto de aquel risco, su silueta se recortaba contra el cielo, convirtiéndose en un blanco perfecto para cualquier veterano arquero. ¡Y los de Reikland se cuentan entre ellos! Cuando la flecha voló, el pobre Barbilampiño no supo qué le había golpeado. Perdió pie, y se precipitó al vacío… Pero en el último momento, ya fuera por suerte o porque su destino era morir otro día, su mano se aferró al saliente de una cornisa, y detuvo a medio camino la caída que podría haberlo dejado aplastado contra el suelo.
Como pudo, el enano se arrastró hasta el suelo, y reptó para ponerse a salvo, porque sabía que desde donde vino esa flecha, vendrían más.

Mientras tanto, Enanos y Orcos se afanaban en acabar con sus enemigos. Finalmente, estos últimos, enardecidos por el poderoso golpe de alabarda con el que el Orco Grandote Lurk acababa de derribar al Noble Enano Axel, se hicieron con la victoria en esa zona.

Los Buscadores de Tesoros, supervivientes arrastraron los cuerpos de sus heridos entre las ruinas cuando los orcos, ávidos de sangre, se giraron a un gruñido de mando de su líder para enfrentarse a los humanos: en el fragor del combate, el grueso de ambas bandas había olvidado a los Reiklandeses, que cautelosa y estratégicamente habían ido avanzando y tomando posiciones para atacar a la banda que prevaleciese.

Sus tiradores mantuvieron una lluvia constante de flechas y virotes que hizo que los pieles verdes tuvieran que recorrer la considerable distancia que los separaba con la cabeza gacha, implorando a Gorko y Morko para que los protegiesen, mientras el Gran espadero Helmut Zeihänder daba cuenta de uno de “Loz Machakaz” que se había adelantado, quedando aislado, recuperando en el proceso un fragmento de Piedra Bruja que dejó caer el moribundo orco.
El Capitán Mercenario, que había previsto el avance por su flanco izquierdo de los goblins, se adelantó junto a sus dos jóvenes reclutas, los hermanos Fritz y Sebastian, y se encontró de sopetón con el Orco Grandote Grunt, que intentaba emboscarlos. Pero el veterano Capitán reaccionó a tiempo, y con él, sus reclutas, que entre una lluvia de pistoletazos a bocajarro y tajos, consiguieron dar cuenta del corpulento lugarteniente, que cayó malherido.

Eso dejó a Heinrich von Konrad vía libre para dar cuenta de los goblins que habían intentado flanquearlos. Al ver como uno de ellos caía aturdido bajo los golpes del Capitán Mercenario, sin saber de dónde sacaron el arrojo necesario (seguramente, no podrían huir y querrían vender cara su miserable vida), se plantaron y descargaron sendos flechazos contra el líder humano a tan corta distancia que era difícil que fallasen.

La vista de Heinrich se nubló por el impacto, y cayó de espaldas, pero se incorporó rápidamente. Cuando se levantó del suelo, vio su casco caído a su lado, con dos feas muescas causadas por las oxidadas flechas de los goblins. ¡Podía decir que el casco había salvado su vida, pues habría quedado a merced de esos pequeños y taimados pieles verdes!

Sin embargo, Sebastian no había tenido esa suerte, asaeteado por la espalda por los dos arqueros orcos que se habían posicionado en el centro de la plaza. Caído, y semiinconsciente, el pobre recluta fue apuñalado salvajemente por dos de los goblins, mientras el último “Meketrefe” no consiguió esquivar la acometida del Capitán que, tratando de socorrerlo, dio cuenta goblin rápidamente para intentar llegar hasta el joven que gritaba de dolor a pocos metros de él. Aterrado, Fritz, que corría en su ayuda, tampoco pudo evitar que los pequeños y traicioneros pieles verdes se cebasen con su hermano. (Más tarde, ya en el refugio de Los Rufianes de Heinrich, Fritz pudo suturar las heridas Sebastian, aunque su cara, lacerada por los filos mellados de las dagas de los goblins, ya siempre mostraría unas horribles y aterradoras cicatrices…)
Mientras tanto, en el centro de la plaza, se desarrollaba una lucha sin cuartel entre los Campeones de Los Rufianes y el grueso de guerreros de Loz Zakeadorez, enardecidos por la carga imparable de Zurko “El Negro”, que abatía rivales a la carrera tratando de dar alcance a los esquivos tiradores. Uno de ellos demostró su valor y, esperando el momento preciso, tensó su arco y soltó una flecha directa al corazón del Jefe Orco. Éste, en el último momento, interpuso su pesado escudo y la flecha se quedó allí clavada, para desesperación del arquero, que veía cómo la numerosa recua de pieles verdes, que estaba derrotando a sus compañeros, se le venía encima.
Esa situación fue lo suficientemente peliaguda para que el veterano Capitán Heinrich von Konrad supiera que era el momento de retirarse. Con una voz que denotaba rencor y resignación, ordenó la retirada de sus hombres: no quería exponerlos a la carnicería que podían causar esos salvajes pieles verdes. Seguro que sus Rufianes se encontrarían de nuevo con esos Zakeadorez en el futuro, y entonces los haría pagar caro este encuentro…

Con las bandas rivales en fuga, Loz Zakeadorez prorrumpieron en vítores jaleando a su líder, y se dispusieron a explorar la zona. “Loz Ke Kortan Doz Vezez” encontraron la mejor parte del botín cuando encontraron a un moribundo enano matador, seguramente dado por muerto por sus camaradas en su retirada. Estaban a punto de trincharlo como a un pavo cuando Murga “El Napiaz”, el Chamán de la banda, los detuvo.
-“¡Ezperad! Ezte parece uno de ezoz taponez fanátikoz ke han hecho juramento de morir en batalla. No le demoz eze placer. ¡Ke viva kon zu vergüenza!”-
-“¿Y zi ze lo vendemoz a loz ezclaviztaz?- preguntó uno de los goblins.
-“Eztá medio muerto. No pagarían demaziado. Mmmm… Kizá zuz amiguitoz patazcortaz kieran zoltar unaz coronaz por zu pellejo…”

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